Y volvemos a la novela negra, la que busca al responsable de un crimen....pero con humor.
Resulta que nos vamos hasta Helsinki, capital de Finlandia, para conocer la primera parte de la trilogía de abuelitas de Minna Lindgren: Siiri, Anna Liisa e Irma son tres nonagenarias que habitan en un asilo en el que un cocinero joven y amigable ha muerto. Hartas de ser tratadas como muñecas bobas que no se enteran de nada, se embarcarán en la aventura de investigar lo que pasó con su nuevo amigo Mika, el motociclista rebelde y salvaje que investiga una red criminal de tráfico de drogas y que se convierte en su ángel guardián.
Todo comienza porque Siiri, considerada amiga de Tero, el cocinero fallecido, se entristece de no saber exactamente lo que le pasó, y pide a sus amigas que le ayuden a investigarlo. Siiri tiene 93 años y siente que ha llegado tarde a su cita con la muerte. Se entretiene y mantiene activa viajando cada día en tranvía, del que ya conoce no solo todas las líneas, sino a sus conductores (y platica con algunos de ellos). Durante sus travesías, da cátedra de la arquitectura antigua y actual de Finlandia. Sirvió durante la guerra, aunque ahora es más bien débil y con poco carácter. Es la mejor amiga de Irma, quien, contrario a su amiga, está rodeada de familiares, a los que llama amorcitos, pero que no se encargan de ella como debieran.
Irma cree que los empleados del asilo espían a los ancianos y se meten a robar sus pertenencias cuando están en alguna actividad. Su frase favorita es doden, doden, doden (muerte, muerte, muerte) y también considera que le llega a todos, menos a ella. A sus 93 años, su bebida favorita es el vino tinto a todas horas, y de comer pasa el día recalentando tortitas de sangre con mermelada ¡ya no le importa la comida caduca, pues ella también lo está! Vive la vida como va, sin importarle el qué dirán o si le castigan por decir lo que piensa. Gasta como si no hubiera un mañana y no le interesa quedarse sin nada: sus amorcitos ya le habían vendido todo y metido al asilo sin su consentimiento.
Anna-Liisa, ex profesora de lengua, comienza no siendo la favorita de Siiri e Irma, pero se va enredando en su historia porque los demás ancianos en el asilo van muriendo. Experta en cartas, junto con Siiri busca justicia para Tero e Irma, y entre regaños amorosos y aventuras, va encontrando el amor donde nadie lo esperaría.
Irma cree que los empleados del asilo espían a los ancianos y se meten a robar sus pertenencias cuando están en alguna actividad. Su frase favorita es doden, doden, doden (muerte, muerte, muerte) y también considera que le llega a todos, menos a ella. A sus 93 años, su bebida favorita es el vino tinto a todas horas, y de comer pasa el día recalentando tortitas de sangre con mermelada ¡ya no le importa la comida caduca, pues ella también lo está! Vive la vida como va, sin importarle el qué dirán o si le castigan por decir lo que piensa. Gasta como si no hubiera un mañana y no le interesa quedarse sin nada: sus amorcitos ya le habían vendido todo y metido al asilo sin su consentimiento.
Anna-Liisa, ex profesora de lengua, comienza no siendo la favorita de Siiri e Irma, pero se va enredando en su historia porque los demás ancianos en el asilo van muriendo. Experta en cartas, junto con Siiri busca justicia para Tero e Irma, y entre regaños amorosos y aventuras, va encontrando el amor donde nadie lo esperaría.
Onni, el Embajador, es un anciano del asilo que juega cartas con las chicas y que, debido a sus amplios contactos con el ejército, accede a ayudarlas con sus investigaciones y a darles una fuerza masculina al enfrentarse con las autoridades.
En cuanto a los malos de la historia, contamos con Virpi, una ayudante del asilo que es déspota con los ancianos, no le interesa su bienestar ni atender sus quejas, los trata como a niños huérfanos y cae constantemente en crisis de estrés. Junto con su esposo, Erkki, el de mantenimiento, entra a cada residencia a saber los secretos de los ancianos y robar sus papeles, manipular sus medicamentos y volverlos locos.
Sinikka, la directora del asilo, a pesar de ser percibida como una mujer dulce y bienintencionada, carece del carácter y habilidad suficientes para dirigir el asilo, y siempre está sobrepasada de trabajo, delegando responsabilidades a otros trabajadores y tomando las demandas de los ancianos como actos exagerados o sin importancia, lo que dificulta la investigación por el asesinato de Tero, el cocinero.
En cuanto a los malos de la historia, contamos con Virpi, una ayudante del asilo que es déspota con los ancianos, no le interesa su bienestar ni atender sus quejas, los trata como a niños huérfanos y cae constantemente en crisis de estrés. Junto con su esposo, Erkki, el de mantenimiento, entra a cada residencia a saber los secretos de los ancianos y robar sus papeles, manipular sus medicamentos y volverlos locos.
Sinikka, la directora del asilo, a pesar de ser percibida como una mujer dulce y bienintencionada, carece del carácter y habilidad suficientes para dirigir el asilo, y siempre está sobrepasada de trabajo, delegando responsabilidades a otros trabajadores y tomando las demandas de los ancianos como actos exagerados o sin importancia, lo que dificulta la investigación por el asesinato de Tero, el cocinero.
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Estas simpáticas ancianas nos dan una idea de lo dura, solitaria e injusta que es la vejez en un contexto social donde ya no son requeridos ni valorados, por considerarlos un "estorbo". Y vienen dos partes más, donde investigarán otras injusticias del asilo. ¡Es muy divertido, apto para todas las edades y de una lectura fácil, comprensible, graciosa y empática!
Minna-Liisa Gabriela Lindgren nació en Finlandia el 22 de enero de 1963 y es una reconocida periodista y escritora. Su trilogía de Helsinki (justo de la que hablamos en esta entrada) fue best seller en Finlandia.
* Lee conmigo en: https://ww3.lectulandia.com/book/tres-abuelas-y-un-cocinero-muerto/
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