[ 2025 Lectura lineal ] La isla de los latidos del corazón - Laura Imai Messina [#17 - 11vo año]

 


En esta historia, tan llena de la filosofía japonesa, se cuenta la convergencia de dos personajes solitarios que estaban esperando la chispa de conocerse, para volverse eléctricos.
Shuichi es un hombre en sus cuarentas, radicado en Tokio y dedicado a la ilustración de libros infantiles en los que siempre hay ventanas. Cuando niño, su mamá se dedica a evitar que recuerde las memorias tristes de su vida, quiere que se encuentre con una infancia ideal y feliz. Pero esto le hace crecer sin identidad, con miedo al compromiso y temor a la pérdida. Por ello, cuando conoce a Kenta, un niño curioso y solitario como él, que va robando de a pocos las pertenencias de su casa tras la muerte de su madre, quiere encariñarse con él, pero no puede. Le hará falta más que un empujón suyo: el de Sayaka, la mujer encargada de embalsamar a los muertos del pueblo, quien le irá convenciendo de dejarse ir, de llorar, de meditar, y de solucionar.
Kenta, sin suerte en el mundo de los niños y aislado del mundo de los adultos, también pasará por un proceso de maduración para darse cuenta de que él no es el culpable de los problemas que existen en el mundo.
Con el correr de las páginas, nos enteramos de una vida anterior, en la que existieron una esposa (Aya) y un pequeño hijo (Shingo) a los que, de alguna manera, dibuja nuevamente en Kenta y Sayaka.
Una isla, en la que puedes grabar los latidos del corazón (y escuchar los de miles de personas alrededor del mundo) les atrae, y en el viaje donde honran todas esas vidas, Shuichi entenderá, de verdad, todos los trozos rotos que fue dejando en el camino desde niño.

Es una historia bella, conmovedora, con frases inspiradoras que nos recuerdan el poder de refugiarse en uno mismo, pero saber salir cuando es momento. 
El protagonista nos muestra el miedo a perder, tan grande tan grande, que tampoco permite ganar. Y habla de la liberación, del paso profundo y contundente que da un alma libre cuando se perdona y se da la oportunidad a sí misma. 


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- Quiero morir aquí

-      ¿Por qué aquí?

-      Porque aquí conozco el nombre de todas las cosas. Así, un día, cuando renazca como Buda y me convierta en piedra, bellota o larva, sabré orientarme. Siempre encontraré el camino a casa, porque aquí conozco el nombre de todas las cosas.
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- Todavía no sé escribir. No se me da bien.

- Escribir es guay- exclamó con altivez el niño mayor

- ¿Por qué?

- Porque puedes parar las cosas
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Sabes que te has encariñado con una persona cuando la ves donde no está.
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El amor nunca viene solo. El miedo lo acompaña en cada paso del camino.
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-¿Y cómo está su corazón?

- Está ahí, parado. No se mueve.

- La verdad es que se mueve siempre...el corazón. Quizá no se mueva por las mismas personas ni por los mismos motivos, pero se mueve incluso cuando parece parado.

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- ¿Por qué los ancianos siguen llorando por los males que padecieron en su infancia, incluso al cabo de setenta u ochenta años? Y por males no me refiero a la guerra o a grandes traumas, sino al juguete que alguien les quitó, al insulto que les soltó un compañero en la guardería, a la bofetada que su abuelo les dio injustamente. ¿Cómo es posible que aún no se hayan consolado? Con esto quiero decir que, además de que el momento pasó y ya no tiene remedio, el niño que eran ya no existe. Se desvaneció con todas las emociones que experimentó.
-Sí, es como si estuviera muerto, pero siempre estaremos de parte de nuestro ser infantil.
- Pero ha pasado tanto tiempo...
- Da igual. Durante toda la vida se está de parte del muerto.
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Hasta que alguien no muere y nace en ella, no se puede decir que una ciudad tenga una historia.
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-      ¿Para qué sirven las mentiras, mamá?

-      Para mejorar la propia memoria.
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Cuando lloras, en cierto modo te estás salvando a ti mismo.
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“Al final, da igual cómo empiezan las cosas”, escribió Sayaka. “Lo único que marca la diferencia es la confianza: si crees en la felicidad lo suficiente como para imaginar que es cierta, tarde o temprano llegará.
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Para ellos, las personas desaparecidas son un lugar al que regresar y la nostalgia es un sentimiento con el que están familiarizados. Es como acurrucarse frente al fuego después de un chaparrón y esperar a secarse del todo, sabiendo que siempre quedará una pequeña mancha de humedad.
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Si no me encuentras al principio no te desanimes. Si me pierdes en un lugar, busca en otro. Me he detenido en algún lugar a esperarte.

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Nunca hay mucho que decir sobre los días felices. La felicidad detesta las palabras.
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A lo largo de mi vida no he dejado de acumular pruebas para impedir que las cosas desaparecieran y al final lo único que he conseguido es reforzar su desaparición, acentuar la visión de la pérdida.
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Allí había descubierto que la memoria era simplemente una cuestión de voluntad.

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Laura Imai Messina nació en Roma, Italia el 16 de agosto de 1981. Luego de titularse en literatura, viaja a Japón para el estudio del idioma y se queda ahí, donde se especializa con un posgrado y da clases de italiano. Cuenta con siete novelas publicadas en más de 20 países, incluidas historias infantiles, tal como su personaje principal de este libro.
Esta novela la hizo acreedora al premio italiano de literatura Wondy de 2024.
Está casada y tiene dos hijos varones.



SIEMPRE HAY UN POCO DE RESISTENCIA A LA ALEGRÍA.


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