
En esta historia Jojo y Kayla son un par de hermanos con sensibilidad especial que les permite ver y comunicarse con los muertos. Jojo es un chico negro de 13 años que cuida de su hermanita de 3, que no se le despega ni a sol ni a sombra y solo se deja atender por él. Leonie, su madre, abrumada por el peso de la maternidad y la adicción a las drogas y la irresponsabilidad, va y viene de sus vidas, esperando que sean sus padres quienes se hagan cargo de ellos. Leonie vive en la amargura de notar lo poco que le interesa a sus hijos, y cómo ellos han aprendido a valerse por sí mismos y a sentirse parte de la casa de sus abuelos, y no de ella. Michael, el padre, es un chico blanco que ha estado en la cárcel y cuyos padres reniegan de Leonie y de los niños, por ser negros. Es despedido de una plataforma petrolera y encuentra en el tráfico de drogas en carretera un medio para sobrevivir. Leonie solo puede pensar en el gran amor y obsesión que siente por él (obsesión que hace que nombre Michaela a su hija Kayla, aunque sepa que nadie más lo hace porque ese no es su verdadero nombre), así que presiona a los niños para que la acompañen a recogerlo de la cárcel en un viaje donde solo refuerza la poca autoridad que tiene sobre ellos.
River (Pa) es padre de Leonie y el encargado de los niños. Fuerte y seguro, sobrevivió a una prisión de trabajos forzados para negros, a la que llegó junto con su hermano por evitar que los marines blancos los reclutaran sin su consentimiento. Se preocupa por Ma, su esposa, curandera que no puede hacer nada más por ella misma ante el cáncer que se la está llevando. En prisión conoce a Richie, quien apenas siendo un niño es sometido a torturas y flagelaciones. Cuando puede, le ayuda, pero oculta la verdad sobre la única vez que Richie trató de escapar de la cárcel, por lo que ahora acosa a Jojo y Kayla en busca de respuestas.
Leonie sufre alucinaciones cuando se droga, en las que ve a su hermano Given, asesinado por familiares blancos de Michael.
Y durante toda la historia, los vivos y los muertos se unen en los susurros de una vieja canción que solo Kayla conoce...
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La
memoria es algo vivo, también en tránsito. Pero durante el instante que dura,
todo lo recordado se une y cobra vida: los viejos y los jóvenes, el pasado y el
presente, los vivos y los muertos.
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Esta mujer es maravillosa. Es la segunda historia que leo de ella (de la primera, Quedan los huesos, pueden ver la reseña aquí: https://29bajoelsol.blogspot.com/2021/03/2021-lectura-lineal-quedan-los-huesos.html) y relata con amargura, orgullo y verdad la discriminación entre blancos y negros en los Estados Unidos, condición que parece atemporal, pues sus historias se desarrollan en épocas diferentes y parece que no hay cambios significativos en el problema.
OBRAS HERMOSAS, TRASCENDENTALES Y POÉTICAS que valen la pena ser leídas, pues nos hacen más humanos y empáticos ante un sufrimiento generacional que parece no parar.
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Jesmyn
Ward nació el 1 de abril de 1977 en Misisipi, Estados Unidos. Estudió lengua
inglesa y medios de comunicación en la Universidad de Stanford. También estudió una maestría en escritura
creativa en la Universidad de Michigan. Se dedica a enseñar redacción en la
Universidad Tulane, pero también estuvo en las casas de estudio de Nueva
Orleans y el sur de Alabama. Fue ganadora del Premio Nacional del Libro y el
Alex Award por su obra Quedan los huesos, inspirada en el huracán Katrina.
También ha ganado el premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro.
"El
dolor es comida tragada demasiado rápido, atrapada en la garganta, haciendo que
sea casi imposible respirar."
Lee conmigo en: https://ww3.lectulandia.co/book/la-cancion-de-los-vivos-y-los-muertos/
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