Cuando pienso en literatura japonesa y en lo que me hace sentir, pienso en libros como este, que te envuelven en lo importante de la vida: detenerte por un segundo para poder contemplarla.
Nuestro protagonista, del que no conocemos el nombre (ni de ninguno de los humanos, haciendo más énfasis en la importancia de los animales en la historia), pasó una vida ajetreada en Tokio entre escritorios, bares y deportes extenuantes, hasta que una lesión y la muerte de un compañero le hacen reflexionar sobre lo necesaria que es la tranquilidad para la salud. Junto con su esposa buscan una casa en las afueras, en el silencio y el campo, desde donde trabajarán en calma. En una propiedad peculiar y especial (parte de una casa mayor gestionada por unos ancianos) conocen a Chibi, un gato blanco con manchas grises que entabla una bella relación con él y su esposa, una mujer que desde la infancia ha sentido compasión por los animales y que sabe empatizar con ellos. Chibi va y viene, pero no se queda. Les enseña el amor con respeto y admiración, con expectativa. Les muestra cómo compartir desde la libertad, y se vuelve una constante en su pequeña familia.
Los ancianos arrendatarios sufren problemas de salud, por lo que nuestro protagonista se encarga de la casa entera y del jardín, donde también se amista con una libélula y rechaza el acoso de las mantis. Es decir, hay una profunda oda a la naturaleza y a la simpleza de los días, que nos relaja y estaciona en un lugar de paz mientras vamos leyendo.
Para la esposa, el gato es un regalo "caído del cielo". Lo observa a detalle, anotando en un cuaderno especial todas sus hazañas y virtudes.
Para la esposa, el gato es un regalo "caído del cielo". Lo observa a detalle, anotando en un cuaderno especial todas sus hazañas y virtudes.
La ciudad cambia a grandes pasos durante los años que dura la historia, por lo que también el autor nos deja ver la decadencia, el abandono, la muerte. El cómo el tiempo le juega en contra a todo y la nostalgia que nos provoca dejar los lugares donde fuimos felices.
Luego llegan más gatos, y el ciclo se repite: la vida nos quita y nos da, nos permite cuidar, terminar y volver a empezar. Y EN ESE CICLO NUNCA FALTA EL AMOR, por más que no entendamos el por qué.
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Maquiavelo, según dicen, tenía la siguiente idea del destino:
la Fortuna dominaba más de la mitad de la vida humana, y la otra mitad trataba
de hacerle frente con lo que él denominaba virtú. Para él la Fortuna
eran los trazos realizados por una diosa caprichosa de humor cambiante, como un
río de desbordamientos imprevisibles (…) Virtú di necessita, según
Maquiavelo, esto es mostrar coraje en situaciones complicadas: es con lo único
que podemos oponernos al destino.
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Los seres nobles no pretenden apartar a los demás para abrir su propio camino.
Los seres nobles no pretenden apartar a los demás para abrir su propio camino.
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Es una bella obra para los que nos gusta identificar, admirar y disfrutar la poesía de la vida diaria, los detalles, el silencio. El autor sabe dar la cadencia y el cariño suficientes para pintarnos un bello escenario desde sus primeras páginas. Además de que se lee en una sentada, es pequeñito.
AMPLIAMENTE RECOMENDADO. Para los amantes de los animales, es un cariñito al corazón.
Takashi Hiraide nació el 21 de noviembre de 1950 en Kitakyushu, Japón. Es poeta, diseñador de libros y profesor universitario. Su libro "el gato que venía del cielo" fue New York Times best-seller que le valió el premio literario Kiyama Shohei, además de que ha ganado otros cuatro premios importantes por sus demás obras publicadas y sus diseños artísticos.
Lee conmigo en: https://ww3.lectulandia.co/book/el-gato-que-venia-del-cielo/
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